CHULA VISTA.- “Acepto lo que es la realidad no podemos cambiarla, nosotros mismos  como invidentes tenemos que seguir adelante como podamos, si nos quieren ayudar le damos gracias a Dios y si no tenemos que caminar por el camino de la superación”, es la filosofía de vida de Santiago Martínez Martínez, quien desde hace más de tres décadas es invidente.

Don Santiago perdió la vista, dice, por una operación mal aplicada.

Asi ha vivido más de 35 años: en la oscuridad pero con autoestima ha suplido la discapacidad visual.

“Acepto la vida como yo estoy y sigo adelante teniendo fe en Dios, de  que Dios existe, esto me sirve de experiencia porque ya lo he hecho y me hace sentirme  seguro de mí mismo”, dijo el originario de San Diego.

Por su discapacidad, Don Santiago recibe un apoyo especial del gobierno de Estados Unidos, pero desde hace diez años decidió cambiar su destino.

Aprendió el arte de encaminar sus pasos entre las sombras.

Con un panorama sin luces ni colores para el, camina todos los días por las calles de San Ysidro y Chula Vista para ganarse  unos dólares con la venta de pepitas y cacahuates.

No es nada fácil trasladarse, su camino también se torna difícil.

“Nunca he sufrido accidentes de carro, pero si me pego con una pipa de agua o  con un poste porque no le calculo bien al bastón”, dijo entre risas Santiago al recordar los momentos en que ha sido complicado el traslado de un punto a otro.

Santiago es conocido por pocos pero admirado por muchos, porque quienes han visto su andar por las calles del Condado de San Diego, han notado su ejemplo de superación.

“El bastón hay que traerlo firme al caminar, a veces no le tanteamos y es cuando tropiezo”, consideró Martínez.

En una pequeña canasta carga hasta siete kilos de mercancía que vende durante cuatro de los siete días de la semana.

Cuando la venta es buena, el producto se termina en un par de días.

Pero este hombre no tiene límites porque cruza por si mismo a Tijuana para surtirse de productos que pondrá a la venta.

“Se batalla pero es bonito independizarse uno mismo también porque si alguien me ayuda tengo que pagar para la gasolina, entonces  para ganarme la ganancia pues prefiero batallar mil veces en ir solo, se batalla pero a golpes llego”, así cuenta su travesía en ambas Californias.

Con mas de cincuenta años a cuestas, Don Santiago entendió que para vivir debía de empeñar el corazón en cada paso lleno de sombras, apoyado de un bastón.

Hoy, dice, cubre la ausencia del sentido de la vista con el desarrollo de los ojos del alma.