La señora Esther Morales dice que se considera a sí misma “como un puente para llevar la ayuda a quienes más lo necesitan”.

Eso es cierto, si se considera que durante lo que va de la pandemia, la madre de familia deportada de California ha cocinado y llevado más de diez mil comidas completas a migrantes, deportados y residentes pobres en Tijuana.

“Cuando, por la pandemia, nadie podía salir, y la gente se lavaba las manos muchas veces al día, en mi mente estaban todas esas personas que no tenían a dónde ir, que no tenían dónde lavarse las manos, que no tenían qué comer”, platicó doña Esther a El latino.

Comenzó por preparar unas tres docenas de tamales que llevaba a un negocio donde los vendían por comisión, y, con el escaso dinero que ganaba, hacía otros tamales para llevar a personas indigentes, a pobres y a migrantes en un albergue para mujeres.

“Yo creo que las cosas importantes deben de hacerse con el corazón”, dice la mujer originaria del estado de Oaxaca.

Una organización legal sin fines de lucro se enteró de esa disposición de doña Esther y del esfuerzo por ayudar que hacía con sus escasos recursos y la contrató para que cocinara durante un año para los albergues que refugian migrantes en Tijuana.

“En total eran doce albergues; muchos de ellos yo ni los había oído mencionar, mucho menos sabía dónde estaban. Pues ahí voy, a cocinarles y a averiguar dónde estaban. Fue una labor muy bonita, me inspiró mucho”, dijo.

Pero con la llegada de la administración del presidente Joe Biden y la reapertura a los casos de asilo de migrantes que huyen de la violencia, la organización legal tuvo que enfocar todos sus recursos en trabajos legales, y terminó el acuerdo con doña Esther.

“Lo que yo quisiera ahora es que la gente venga a comprarme comida, porque así puedo continuar mi misión de alimentar a los más necesitados y desprotegidos”, dijo en charla con El Latino.

Doña Esther vivió más de dos décadas en Los Ángeles y siempre trabajó como cocinera. Recuerda que a la gente le gustaba mucho su sazón dela famosa cocina oaxaqueña.

Durante ese tiempo fue deportada ocho veces, y siete de esas ocasiones se las ingenió para volver a California, porque no quería dejar sola a su hija, Alisa, entones pequeña.

Pero en el 2010 la detuvieron por conducir a su trabajo sin licencia, fue entregada a autoridades de migración que la llevaron a un centro de detenciones seis meses y después la volvieron a deportar a Tijuana.

La señora pasó por una etapa muy difícil, sin conocer a nadie y sin recursos, hasta que poco a poco se recuperó y hace unos años logró un sueño hasta entonces incumplido que mantuvo durante todos los años que vivió en California: abrir un modesto restaurante en Tijuana.

Desde “La Antigüita”, su pequeño restaurante de comida tradicional, especialmente oaxaqueña, doña Esther  ha seguido si tarea de alimentar a aquellos que, como ella tuvo que vivir al llegar a Tijuana, carecen de hogar y de recursos para prepararse una comida caliente.

Alisa, su hija, ahora es psicóloga graduada en la Universidad de Pasadena, gracias en buena parte a las remesas que doña Esther le enviaba desde Tijuana.

“Como verá, yo no soy rica, y lo que gano lo invierto en mantener el restaurante, pero quiero seguir ayudando a todas las personas que pueda; hay mucha gente muy necesitada y nadie les ayuda”, exclamó.

Todo cuando pide la señora es tener más clientes regulares, o quizás conseguir un nuevo contrato para ayudar a los pobres.

“Porque, después de todo, para esto venimos a la vida, para servir”, declara la cocinera.

“La Antigüita” está en la Calle Cuarta o calle Salvador Días Mirón, número 8448, entre las avenidas Melchor Ocampo y Miguel Negrete. Teléfono 664 394 5991 de Tijuana.