La actriz nos cuenta como fue interpretar a esta villana de Disney

Cruella no es una película para niños: la venganza, el punk y la muerte son constantes en esta entretenida historia del director y guionista Craig Gillespie que viaja a los orígenes del popular personaje de Disney. Es extraño siendo una producción con el sello del popular estudio, que se decanta por relatos cándidos y familiares. Pero la versión live action (con actores reales) de la villana del clásico infantil 101 Dálmatas está lejos de la malvada Cruella que encarnó Glenn Close hace unos años, y menos se parece a la del dibujo animado que la inspiró.

-¿Qué te gustó más: ser Estella o Cruella? ¿Cuál representó un mayor reto?

-Es interesante porque de alguna manera hay un rechazo a ser como Estella y es el punto por analizar porque es una mujer dulce, pero sabes que no está completa, ahí es donde emerge Cruella, una dualidad que la convierte en un papel muy tentador. Cruella es la esencia de Estella, está en total aceptación y autonomía cuando se transforma. Me interesa mucho su mundo, claro que ella hace cosas que yo no haría, jamás cruzaría ciertas líneas. Aunque, siendo sincera, prefiero a Cruella. Es un papel muy divertido de hacer.

-¿Cuáles son las debilidades de Cruella?

-Es un ser humano, claro que las tiene. Esta película se trata de cómo ella combate sus debilidades, las oculta. Esta historia es su naturaleza versus su crianza. Su madre la educa para ser de una manera, pero ella es de otra. Su volatilidad, sus reacciones, su ingenio y creatividad son sus fortalezas. Cruella es una muestra de cómo algo que podría hacerte vulnerable se convierte en los puntos que te hacen fuerte de alguna manera. Este no es un personaje aspiracional. Ella aprovecha su creatividad y todo su potencial para fortalecerse, está aprendiendo a aceptarse y eso la ayuda a obtener lo que quiere. El personaje original tiene muchos lugares oscuros que no son algo positivo, pero que a la postre no son debilidades, incluso ahí hay cosas que la siguen fortaleciendo.

-¿Qué elementos ayudan a un actor a interpretar un villano?

-No sé, no creo que se pueda ver desde una sola perspectiva. No creo que en la vida real la gente mala vaya por el mundo pensando que es mala… simplemente creen que tienen la razón y que su proceder es el correcto.

 -¿Qué fue lo más complicado para interpretar a Cruella?

-Los acentos fueron difíciles de aprender –Stone nació en Arizona, y la historia transcurre en Londres–. Y, claro, hay curvas emocionales, entonces sabes que vendrá un momento profundo y que será muy conmovedor. Hay una enorme presión porque solo tienes ese instante para conseguirlo; no importa cuán cansada o qué sentimientos te ronden ese día. Pienso que siempre duermo poco la noche anterior al rodaje de uno de esos momentos cruciales de la película. Para mí es uno de los retos más grandes, pero me encantan.

-De chica fue fanática de Los 101 dálmatas, ¿cómo te sentiste cuando te llamaron para ser Cruella?

-Adoraba los dibujos animados, especialmente como se veían los perros y la forma como se identificaban con sus dueños, siempre pensé que eran divertidos. Más de una vez, recuerdo cuando era niña, yendo por la calle viendo si efectivamente los perros se parecían a sus dueños… y muchas veces sí era así. De hecho, pensaba que Cruella era un personaje divertido. La llamada para interpretar a Cruella fue hace seis años, pasó mucho tiempo de ahí a que hiciéramos la película. En ese momento era una idea muy incipiente. Disney tiene una cantidad enorme de personajes y constantemente hay ideas sobre desarrollar proyectos. Para Cruella pasamos por un proceso de cuatro años con diferentes escritores y cosas que se fueron poniendo sobre la mesa, porque es un personaje muy interesante y divertido del que quisieras explorar la mayor cantidad de facetas y lograr un buen filme.