La depresión es un viejo mal que ha acosado a la humanidad, sin embargo hubo necesidad de que pasaran miles de años para que la ciencia moderna pudiera ayudarnos al entender lo que provoca dicho mal. Directa o indirectamente el cerebro se encarga de controlar todas las glándulas, los órganos y los distintos sistemas del cuerpo humano: circulatorio, respiratorio, reproductor, linfático Etc., además del vínculo que tiene en la función de los cinco sentidos y la parte cognitiva y emocional, todo esto en relación a el lado derecho o izquierdo del cerebro que esté siendo utilizado, es decir, masculino femenino.

En la parte baja y central del cerebro se encuentra incrustada la glándula hipófisis, cuyo tamaño es como el de una almendra muy pequeña; sin embargo y no obstante su pequeñez, es una de las partes más importantes de toda nuestra anatomía, ya que es quien regula a todas las glándulas del cuerpo. Me ha dicho que es ahí en donde se encuentra la conciencia y por lo tanto el alma, incluso Descartes lo aseveraba, y por el efecto que tiene sobre todo nuestro organismo, y su indirecta relación con las emociones, es posible que así sea, ya que el comando que ejerce sobre las glándulas o el mismo cerebro, justamente se manifiesta en relación al estado emocional de cada persona. 

La depresión se da cuando ciertos neurotransmisores (neuronas) no liberan las necesarias cantidades de algunas sustancias químicas, sobre todo la serotonina y la dopamina. La serotonina da vitalidad, y la dopamina estímulos. Al no estar recibiendo la dosis necesaria de dichos elementos químicos, las personas afectadas reaccionan con pérdida de energía y sin ánimo para vivir al sentirse desmotivadas e infelices, deprimidas.

La personalidad de cada ser humano/a, es la expresión emocional y corporal que resulta de la información recibida a lo largo de toda nuestra vida de las personas o sucesos en el entorno en que nos hemos desarrollado. Es el archivo de todos lo que hemos vivido y que hemos recogido a través de los sentidos y que fueron aceptados y almacenados en el inconscientemente, teniendo su origen en el mismo vientre de la madre. Este registro de eventos buenos o malos que una vez nacidos se dieron con mayor eficacia a través de los cinco sentidos, se ha incrementado y reforzados a través de los años. 

La mente es el archivo que almacena la información; la parte activa de la mente es la conciencia que se encarga de hace llegar su sentir como energía “sutil” a la glándula hipófisis que ya es de energía “densa o tangible”. Si la mente de una persona está contaminada por sentimientos negativos aprendidos a lo largo de una vida como: miedo, odio, ira, frustración o impotencia, vergüenza, culpas o remordimientos, soledad, tristeza, dolor emocional o físico, etc., este enredijo de sentimientos y de información negativa, al formar parte de nuestro acervo consiente e inconsciente afecta nuestra mente, por lo tanto a nuestra conciencia como la parte activa de la mente que le hace llagar dicho sentir a la glándula hipófisis, quien a la vez reacciona en relación a la información emocional recibida, transmitiendo la vibración de dicha percepción al cerebro. El efecto de todo este entramado perturba, desorienta e impulsa al cerebro a desordenar las neuronas generadoras de la serotonina y la dopamina, esto es lo que termina afectando la producción necesaria de dichos elementos quimicos. Es así que se genera la depresión.

¿Cómo resolver dicho desorden químico que se manifiesta como depresión sin necesidad de fármacos? Simplemente a través de la terapia hipnótica que puede sondear el inconsciente que es en donde está dicho archivo. Esto es lo que nos puede permitir  encontrar y evaluar el daño interno para así poder desechar todos esos sentimientos y creencias erróneas resultado de eventos con contenido de energía negativa que ahí se encuentra almacenada, cambiándola por energía positiva. Todo este proceso de cambio energético genera una nueva mente al invertir a positivo su contenido y sus valores, transmitiéndole el nuevo sentir a la conciencia que ya regenerada la hace llegar a la glándula central, quien a la vez la transmite al cerebro reprogramándolo, reorientándolo e impulsándolo a cambiar el fluir electromagnético para que los neurotransmisores encargados de producir la serotonina y la dopamina se normalicen, generando nuevamente la producción necesaria de esas sustancias químicas para que dicha persona regrese a la normalidad y a una vida más plena. ¿Porque no intentarlo? 

Por Francisco González

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