¿Cuántas veces hemos escuchado el refrán “del dicho al hecho hay un gran trecho”? ¿Cuánta verdad hay en este refrán? Muchísima. A menudo, en nuestro día a día, no nos damos cuenta de la importancia de cumplir las palabras que decimos, especialmente cuando se trata de hablar con los hijos sobre la negociación o el manejo de asuntos delicados o conflictos familiares.
En la actualidad, estamos tan abrumados por responsabilidades, actividades y vida social, que a veces las palabras se utilizan solo para cumplir, halagar el oído con frases dulces sobre lo ideal para mantener la familia feliz, simplemente para evitar problemas o para mantener las apariencias. Es más fácil mantener las apariencias que enfrentar y manejar los conflictos familiares de manera democrática, cuando se habla mucho sin llegar al punto clave de la comunicación efectiva.
Sin embargo, el problema surge cuando la fantasía sobrepasa la realidad de lo que se dice y no se hace. Esta realidad puede alejarnos de lo verdaderamente importante en nuestro rol como padres en la crianza de los hijos.
¿Por qué es importante cumplir lo que se dice a los niños? Porque para un niño, los padres o cuidadores primarios son su todo y actúan como brújula en cada etapa de su desarrollo. La forma principal en que los niños aprenden es a través de la imitación. Ellos aprenden de lo que ven, escuchan y hacen sus cuidadores primarios y/o padres, que son su fuente principal de información.
Por lo tanto, es fundamental que, una vez que se le dice algo a un niño, se cumpla, considerando lo siguiente:
– Ser racional
– Empático
– Flexible
– Asertivo
Los niños confían en lo que sus cuidadores o padres dicen. Ellos te ven como un héroe. Si un niño escucha que la luna es de queso, creerá que efectivamente es así y que, si se acerca lo suficiente, podrá darle un mordisco. Creerán esto porque el amor que sienten por ti les lleva a aceptar todo lo que dices.
Mostrar respeto: Lo que siembras en la vida del niño a una edad temprana serán los frutos del mañana. Practicar el respeto, dándole al niño su tiempo y espacio, aunque sea pequeño, es parte de demostrarle con hechos el respeto. Hacerlo y mostrar con acciones que lo respetas y amas es crucial.
Honrar la palabra dicha: Es un valor que se aprende en el primer sistema de interacción del desarrollo del niño, que es la familia, con los cuidadores primarios y/o los padres como primeros maestros.
Es una odisea combinar lo que se dice con lo que se hace. Por lo tanto, se recomienda:
– Tomar un respiro profundo antes de hablar, ya que se requiere proyectar cuidadosamente la primera palabra. Una vez dicha, debe cumplirse. Si por alguna razón no se cumple, es importante explicar al niño por qué no se realizó. El objetivo es que el niño no pierda la credibilidad en los cuidadores primarios y/o padres.
– Consistencia: La aplicación continua de lo que se dice crea hábito y seguridad en los niños. Esta práctica permite que todo fluya de manera más proactiva, con expectativas democráticas donde todos tienen la oportunidad de aportar, decidir y comprometerse.
Empezar a una edad temprana a aplicar lo que como cuidadores primarios y/o padres se quiere que el niño aprenda, ya sean valores, habilidades o capacidades, es esencial. Esto no solo es útil en la etapa presente, sino que también será de gran ayuda en la vida adulta del niño. La crianza de los hijos no tiene magia; solo hechos con acciones que honran la palabra dicha.
Beba Zarate
Family Coach, Tacher, y Behavior Specialist
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