Diversas investigaciones en biología del envejecimiento sugieren que el proceso de deterioro físico y cognitivo asociado al paso del tiempo podría retrasarse e incluso, en ciertos aspectos, revertirse.
Si bien existen estudios en curso sobre terapias avanzadas, los enfoques más eficaces y accesibles se encuentran en cambios cotidianos del estilo de vida.
El envejecimiento es entendido actualmente por la comunidad científica como la acumulación progresiva de daño celular y molecular, lo que afecta la función de órganos y sistemas.
De acuerdo con Tony Wyss-Coray, investigador de la Universidad de Stanford, este proceso puede compararse al desgaste de un automóvil: a pesar del mantenimiento, el uso continuo genera fallos con el tiempo.
El concepto de edad biológica permite identificar a personas que, aunque tienen la misma edad cronológica, envejecen a diferentes ritmos.
En esta línea, el equipo del Dr. Daniel Belsky, de la Universidad de Columbia, desarrolló un indicador denominado DunedinPACE, que evalúa la velocidad de envejecimiento a partir de datos epigenéticos y biomarcadores obtenidos a lo largo de dos décadas.
Esta herramienta ha mostrado que una mayor velocidad de envejecimiento se asocia con peor estado de salud, aparición temprana de enfermedades crónicas y menor esperanza de vida.
Investigaciones lideradas por Wyss-Coray también han demostrado que el envejecimiento puede medirse a nivel de órganos individuales, lo que permite anticipar riesgos y personalizar intervenciones preventivas.
Rejuvenecimiento cerebral
Uno de los campos con mayor interés es la neurociencia del envejecimiento. Estudios han revelado que la introducción de plasma joven, incluso proveniente de sangre de cordón umbilical humano, puede mejorar la plasticidad sináptica y funciones cognitivas en cerebros envejecidos.
En tanto las terapias experimentales avanzan, múltiples estudios coinciden en que existen acciones cotidianas de gran impacto para preservar la salud y ralentizar el envejecimiento. Entre estas, destacan:
Actividad física regular, considerada por especialistas como la estrategia más efectiva conocida hasta el momento.
Alimentación saludable y mantener un peso adecuado, con énfasis en la restricción calórica moderada.
No fumar
Dormir bien y mantener una rutina de descanso estable.
Controlar factores de riesgo, como la hipertensión o el colesterol elevado.
Acceder a vacunas y pruebas preventivas de cáncer.
El Dr. Luigi Ferrucci, director científico del Instituto Nacional sobre el Envejecimiento (NIA), sostiene que estas medidas, accesibles en la vida diaria, pueden aportar hasta una década adicional de vida saludable.
A su juicio, no se requiere una “píldora mágica”, ya que los beneficios de estas acciones están ampliamente documentados.
¿Es posible retrasar el envejecimiento?
Si bien existen estudios en curso sobre terapias avanzadas, los enfoques más eficaces y accesibles se encuentran en cambios cotidianos del estilo de vida

