A pesar de los desafíos de seguridad, la escena cultural y gastronómica tijuanense sigue latiendo con fuerza. Fotos: Jeanette Sánchez/El Latino San Diego

TIJUANA, MÉXICO.- Como una analogía de la diversidad creativa a la que nos enfrentaríamos, tras varios días soleados, el clima en Tijuana nos recibió el miércoles 11 de febrero con una llovizna persistente, fue el único día lluvioso de la semana en la ciudad fronteriza, lo que generó una atmósfera perfecta para descubrir su lado más íntimo.

Solo unos minutos después de cruzar la frontera hacia la ciudad vecina, alrededor de las 10:00 de la mañana iniciamos el recorrido organizado por Art Scene Baja, impulsado por Berenice Martínez y Ligia Santillán.

La idea: mostrar a la prensa binacional que, a pesar de los desafíos de seguridad, la escena cultural y gastronómica tijuanense sigue latiendo con fuerza.

Bajo el sonido tenue de la lluvia, la secretaria de Cultura de Tijuana, Illya Haro, nos habló con entusiasmo sobre los esfuerzos por fortalecer la cultura como eje social.

“Hace falta mucho apoyo en entender los grandes esfuerzos que se han estado realizando… esto nada más es un gesto de los tantos proyectos que estamos trabajando”, nos dijo mientras recorríamos los pasillos cargados de historia.

Entre el teatro, el salón de artes plásticas, la Escuela de Música del Noroeste y la biblioteca, se sentía el latido de la ciudad; además, Haro nos compartió algunas de las leyendas que se han tejido a lo largo de décadas, demostrando que estos espacios son un refugio y una resistencia cultural frente a los retos de la ciudad.

Nuestra primera parada fue la Casa de la Cultura Tijuana, en la colonia Altamira, un edificio histórico inaugurado como recinto cultural en 1975 dentro de la antigua primaria Álvaro Obregón.

Al salir, el aroma especiado de los tacos nos guió a La 33, Tacos de Birria.

Omar Yee, propietario del lugar, nos contó con una sonrisa: “Se llama La 33 porque la receta original de la familia lleva alrededor de 33 chiles.

Cada taco tiene una historia”. Mientras probábamos la mezcla de sabores que define la identidad fronteriza, comprendí que la gastronomía en Tijuana no es solo comida, sino un puente entre familias, visitantes y memoria cultural.

La siguiente parada fue la Fábrica de Dulces, donde Marco Antonio y Viridiana nos recibieron entre estantes coloridos.

“Todos son productos elaborados aquí en Tijuana… nos sentimos orgullosos de poder exhibirlos”, explicó Marco Antonio, mientras Viridiana añadía: “Vienen visitantes de todo México y Estados Unidos solo por nuestros dulces. Es nuestra forma de compartir la identidad de la ciudad”.

Cada sabor parecía contar una historia de esfuerzo y persistencia frente a los desafíos que enfrenta el turismo local.

En Teorema Brewing Co., Melissa Durazo nos mostró cómo el arte y la cerveza artesanal pueden coexistir.

Recordó la colaboración con la artista Paola Villaseñor: “Tomando en cuenta el nombre de la cervecería y sus valores, Paola hizo una propuesta bastante buena para el mural. Queríamos que el espacio reflejara la creatividad de Tijuana y también fuera un lugar de encuentro seguro”.

Mientras observaba el mural y la interacción entre visitantes y artistas, entendí cómo estos proyectos se convierten en pequeños ecosistemas culturales.

Durante el almuerzo organizado por COTUCO, el presidente Karim Chalita Rodríguez nos compartió: “Siempre se han preocupado por la ciudad y traen grupos para dar a conocer sus bondades.

Trabajamos con productores y empresarios para fortalecer el turismo y la economía local”.

Sus palabras resaltaban la importancia de la colaboración para proyectar una imagen positiva de Tijuana.

En la Plaza Santa Cecilia, el chef Martín Muñoz nos habló, en el Restaurante La Tradición: “Si no entendemos la raíz y la historia de la ciudad, no comprendemos cómo ha evolucionado. Tijuana ha tenido un estigma, pero también una transformación que la convierte en un destino turístico internacional”.

Mientras escuchaba, era evidente que la gastronomía y la historia caminaban de la mano.

Más tarde, en VICU Textile Lab, Olivia Arreguín nos recibió en su taller, rodeada de hilos, telas y recuerdos familiares.

“Este proyecto ya tiene 19 años… ahora no solo hago piezas, también organizo experiencias y clases”, nos explicó.

Entre risas y demostraciones, percibí el rostro humano de la producción creativa fronteriza y cómo la familia se integra al arte.

Casi al final de la jornada, nos dirigimos al Museo del Taco en la Avenida Revolución, para recorrer su interior y vivir una experiencia única.

Para llegar a cada destino abordamos una camioneta donde el historiador Luis C. Ulloa nos platicada detalles sobre la historia de edificios, calles y personajes que han dejado huella en la ciudad.

El recorrido culminó en el Centro Cultural Tijuana, donde su directora general Miriam García Aguirre nos recibió con la calidez de alguien que conoce cada rincón del complejo.

Recorrimos las exposiciones “Somos Voces de otras Voces” y “Non Kené Nete”, espacios que reflejan la diversidad y el diálogo entre generaciones y comunidades.

García Aguirre nos comentó: “Este año tenemos aproximadamente 40 exposiciones… queremos promover el arte hecho en Tijuana y crear espacios inclusivos donde todos se sientan bienvenidos”.

Caminando entre obras, se sentía la energía de una ciudad que se reinventa constantemente, capaz de convertir la adversidad en creatividad.

Al final del día, la lluvia había cesado, pero la sensación que quedó fue clara: Tijuana es una ciudad que responde a los desafíos con imaginación y colaboración.

Artistas, empresarios y promotores culturales muestran que visitar esta ciudad no solo es seguro, sino una experiencia profunda, llena de historias que laten con fuerza, tradición y resiliencia.