La exposición dedicada a Graciela Iturbide, que permanecerá abierta hasta el 7 de junio, reúne alrededor de 150 fotografías que recorren más de cinco décadas de producción artística. Reconocida como una de las fotógrafas vivas más influyentes de América Latina, Iturbide ha construido una obra que combina mirada documental y profundidad simbólica, centrada en México y en diversos contextos internacionales.
Formada a finales de la década de 1960 en la Universidad Nacional Autónoma de México, inició su camino en la fotografía bajo la tutela de Manuel Álvarez Bravo.
De su mentor heredó el interés por la compleja identidad cultural mexicana, aunque desarrolló un lenguaje propio atravesado por metáforas, elementos oníricos y una reflexión constante sobre la muerte y la memoria.
A lo largo de su carrera, Iturbide se ha adentrado en comunidades indígenas y en espacios marcados por tradiciones arraigadas, con especial atención a la experiencia de las mujeres.
Sus imágenes han contribuido a ampliar y matizar la representación visual de grupos históricamente marginados, alejándose de visiones estereotipadas.
Desde la década de 1980, su trabajo se ha expandido geográficamente —con proyectos en países como Italia, India, Panamá y Estados Unidos— y también en términos formales, al incorporar objetos y paisajes en composiciones más austeras y abstractas.
La exposición presenta obras procedentes en su mayoría de la colección de la Fundación Mapfre, junto con piezas de la colección permanente del museo estadounidense.
El recorrido ofrece una lectura amplia del alcance internacional y la vigencia de una autora cuya mirada ha marcado la fotografía contemporánea.
Esta colección puede apreciarse en el Museum of Photographic Arts del San Diego Museum of Art en Balboa Park.

