Por Miguel Ángel Díaz Mariscal
Cada 12 de marzo se conmemora el Día Mundial del Riñón, una fecha que considero fundamental para reforzar la prevención de la enfermedad renal y promover la detección temprana de padecimientos que pueden afectar la calidad de vida de la población.
El lema de este año, “Salud Renal para Todos: Prepararse para lo Inesperado”, refleja un enfoque que comparto desde mi práctica médica: la necesidad de garantizar acceso equitativo a diagnóstico y tratamiento, así como preparar a los pacientes con enfermedad renal crónica para situaciones de emergencia donde el acceso a terapias como la diálisis podría verse interrumpido.
Desde mi experiencia como especialista en cirugía general, cirugía bariátrica y medicina de urgencias, he observado que los riñones cumplen una función esencial como filtros del organismo. La enfermedad renal crónica suele progresar de manera silenciosa y puede avanzar hasta etapas avanzadas sin síntomas evidentes, por lo que muchas personas desconocen su condición hasta que el daño es severo.
En mi práctica como cirujano bariatra y miembro del Colegio Mexicano de Cirugía para la Obesidad y Enfermedades Metabólicas, insisto en la relación entre obesidad y salud renal. El exceso de peso se asocia con alteraciones metabólicas que aumentan la presión arterial y la resistencia a la insulina, factores que pueden acelerar el deterioro de la función renal.
La diabetes representa la principal causa de insuficiencia renal, seguida de la hipertensión arterial. Por ello, recomiendo a mis pacientes mantener un control estricto de la glucosa y la presión arterial, ya que estos parámetros son indicadores tempranos del riesgo renal.
En el área de urgencias, donde también ejerzo mi especialidad respaldada por la Sociedad de Baja California de Medicina de Emergencias, atiendo casos donde crisis hipertensivas, deshidratación severa o descompensaciones metabólicas pueden comprometer la función de los riñones. La atención oportuna en estos escenarios puede marcar la diferencia en el pronóstico del paciente.
Las ocho reglas que recomiendo para cuidar los riñones
Como parte de la educación preventiva que promuevo en consulta y en el trabajo comunitario, sugiero adoptar estas prácticas:
- Mantener actividad física regular para ayudar al control de la presión arterial.
- Vigilar los niveles de glucosa, ya que la diabetes es el principal factor de riesgo renal.
- Controlar la presión arterial, considerada la segunda causa de daño renal crónico.
- Seguir una alimentación balanceada, reduciendo el consumo de sodio, azúcares y alimentos ultraprocesados.
- Mantener una hidratación adecuada para facilitar la eliminación de toxinas.
- Evitar el tabaquismo porque afecta el flujo sanguíneo renal.
- No automedicarse; el uso excesivo de antiinflamatorios como el ibuprofeno puede generar daño renal.
- Realizar estudios periódicos de función renal, especialmente si existe obesidad, hipertensión o diabetes.
La salud renal no debe esperar a la aparición de síntomas. La prevención, el control médico y la educación sanitaria son las herramientas más efectivas para proteger uno de los sistemas más importantes del cuerpo humano.
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