Con un escenario que partía de una pregunta incómoda —no si ocurrirá, sino cuándo—, la ciudad de San Diego realizó un simulacro regional de gran escala enfocado en la respuesta ante un terremoto mayor, como parte del Mes de la Preparación ante Sismos.
El ejercicio reunió a decenas de dependencias y organizaciones en un entrenamiento que buscó poner a prueba algo más que protocolos: la capacidad real de coordinación en una emergencia prolongada. Participaron agencias locales, estatales y federales, así como organismos civiles y empresas de servicios, entre ellas American Red Cross, San Diego Gas & Electric y corporaciones militares.
La simulación —coordinada por la Oficina de Servicios de Emergencia de la ciudad— recreó el impacto de un sismo de gran magnitud en la región, obligando a los equipos a gestionar recursos, comunicación y toma de decisiones en tiempo real. Uno de los elementos más reveladores fue la llamada “prueba de continuidad en el cambio de turno”, diseñada para evaluar qué tan fluida es la transición entre equipos cuando una crisis se extiende por horas o días.
“Este tipo de ejercicios permite detectar fallas que no aparecen en el papel”, señaló Christopher Heiser, director ejecutivo de la oficina local de emergencias. En su evaluación, el valor principal del simulacro no estuvo en la ejecución perfecta, sino en los vacíos que dejó al descubierto.
El entrenamiento coincidió con la campaña estatal impulsada por California Governor’s Office of Emergency Services, que durante abril promueve la preparación ciudadana ante desastres naturales. Sin embargo, más allá de los llamados institucionales, especialistas coinciden en que el mayor reto sigue estando fuera de estos ejercicios: la preparación individual.
Aunque las autoridades insisten en la importancia de contar con planes familiares, kits de emergencia y sistemas de alerta, la realidad es que gran parte de la población no está lista para un evento de gran magnitud. El simulacro, en ese sentido, no solo mide la capacidad de respuesta de las agencias, sino también expone la brecha entre la planeación y la preparación cotidiana.

