El duelo no siempre tiene testigos ni rituales. Existen pérdidas que, aunque profundamente dolorosas, no son reconocidas socialmente, lo que puede dificultar su procesamiento y afectar la salud mental. Así lo advierte un artículo de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
De acuerdo con la doctora Mariana Rodríguez Lugo, académica de la Facultad de Medicina de la UNAM, el duelo es una experiencia natural ante una pérdida significativa, pero su manifestación depende del contexto cultural y personal. “Incluye manifestaciones físicas, emocionales, conductuales y espirituales que varían en cada persona”, explica en el texto universitario.
Aunque comúnmente se asocia con la muerte de un ser querido, el duelo también puede surgir por otras pérdidas: una ruptura amorosa, el fallecimiento de una mascota, la pérdida de un empleo, un diagnóstico médico o incluso cambios derivados de procesos migratorios. Sin embargo, no todas estas experiencias reciben el mismo reconocimiento social.
Según Rodríguez Lugo, esta falta de reconocimiento puede dificultar el proceso emocional, ya que las personas no encuentran apoyo ni canales para expresar su dolor y comentarios comunes como “no es para tanto” o “todo pasa por algo” pueden generar mayor afectación emocional, al invalidar la experiencia del doliente
Casos como relaciones no públicas, abortos, pérdidas gestacionales o el fin de vínculos significativos suelen vivirse en silencio. A esto se suma una especie de “jerarquía social del dolor”, en la que algunas pérdidas se consideran más legítimas que otras. Como consecuencia, quienes enfrentan estos duelos pueden aislarse o reprimir sus emociones por miedo a ser juzgados o a ser minimizados.
El duelo no solo afecta a nivel emocional. La especialista señala que también puede manifestarse físicamente —con insomnio, fatiga o cambios en el apetito— y cognitivamente, con dificultades de concentración o con pensamientos recurrentes sobre la pérdida.
Si el proceso no evoluciona adecuadamente, puede derivar en problemas más graves. “Cuando hay una desadaptación prolongada en áreas importantes de la vida, puede desarrollarse un estado depresivo o de ansiedad que ya no forma parte del duelo, sino de un trastorno”, advierte la académica de la UNAM.
Finalmente, la especialista enfatiza que no existe un tiempo fijo para superar una pérdida, pero el acompañamiento y la validación social son factores clave para evitar que el dolor se cronifique.
El artículo concluye que visibilizar estos duelos silenciosos no solo es un acto de empatía, sino una medida necesaria para proteger la salud mental en contextos donde el dolor, aunque real, suele pasar desapercibido.
Recomendaciones:
- Identificar y aceptar las emociones: entender que sentimientos como la tristeza, el enojo o la culpa cumplen una función en el proceso.
- Evitar la autoinvalidación: no minimizar el propio dolor, aunque otros no lo comprendan.
- Buscar apoyo social: compartir la experiencia con personas de confianza puede facilitar la adaptación.
- Atender señales de riesgo: si el malestar persiste o interfiere con la vida diaria, se recomienda buscar ayuda profesional.

