SAN YSIDRO, CA.- La historia y la memoria colectiva registra la masacre masiva ocurrida el 1 de octubre de 2017, en el que un francotirador quitó la vida a 59 personas y dejó más de 800 heridos (as) durante un festival, como la mayor ocurrida en el país.
Más recientemente, aún se están ventilando supuestas innumerables fallas y omisiones por parte de agentes de policía de la comunidad de Uvalde, Texas, en el ataque armado perpetrado por el estudiante de Secundaria, Salvador Ramos, y que costó la vida a 19 estudiantes (niños y adolescentes) de la escuela primaria Robb y 2 maestras.
Pero pocos recuerdan que el próximo lunes 18 de julio se cumplen 38 años de la peor masacre ocurrida en la frontera San Ysidro-Tijuana.
Un resentido social
Esta tragedia registra que el reloj marcaba alrededor de las 3:40 p.m. del miércoles 18 de julio de 1984, cuando resentido por haber sido despedido de su trabajo dos semanas antes, el ex soldador nacido en Canton, Ohio, James Oliver Huberty, arribó a un restaurante McDonalds localizado en el 460 West de San Ysidro Boulevard, llevando una carabina Uzi de alto poder, calibre 12.
La masacre que duró 1 hora y 17 minutos, tiempo en el que Huberty habría descargado 257 cartuchos antes de que fuera ultimado del francotirador del grupo SWAT, Chuck Foster, quien se encontraba en el techo de la oficina del correo, es recordada como uno de los incidentes más sangrientos ocurridos en esta región.
Y es que la misma arrojó un saldo de 21 personas inocentes muertas, al que hay que sumarle el causante, con un total de 22 y 19 heridos.
Fueron desechadas
Cuando estamos a punto de cumplir cuatro décadas de este fatal incidente, las demandas en contra de la cadena fueron todas desechadas y los familiares de las víctimas han perdido toda esperanza, pues las respuestas de los tribunales es que, pese a la seguridad entonces existente, fue un hecho que no se pudo evitar.
La señora Gloria Salas recuerda pese al tiempo transcurrido, ese día como si fuera hoy: “desde el apartamento donde yo vivía, podia oir muchas patrullas; prendí la television y fue cuando me di cuenta de lo que estaba sucediendo. Fue una experiencia muy frustrante estar tan cerca y no poder hacer algo por tantas vidas inocentes”.
Pero esta mujer Latina no se quedó con la impresión y armándose de valor pediría que se cerrara el restaurante donde había ocurrido la masacre. Sin embargo, “no recibía apoyo (de los demás), “que no creían que (fuera posible) “que se pudiera cerrar, que estaba loca”, (pues se trataba) “de una poderosa organización”.
No se intimidó
Aún así Salas no se intimidó y apoyada por un sobrino suyo, “hicimos el primer cartelón: MEMORIAL PARK y temprano llegué al lugar para poner el anuncio. Estaba lleno de policías; tire en el piso el letrero y cuando (lo) leyeron, me ayudaron a colgarlo; ¡¡eso fue lo más hermoso de mi vida!!; me llenó de fuerzas”.
“En menos de de una hora”, continuó, llegaron los reporteros y toda nuestra comunidad con velas, flores y letreros y se juntaron 10,000 firmas”.

fue conocida por su filantropía en favor de los sandieguinos.
Se entrevistó con la
señora Joan B. Kroc
Agrego que “un día llegó ahí la señora Joan B. Kroc ( mujer filántropa y esposa de Ray Kroc, propietario de la famosa cadena de hamburguesas),”que en paz descanse, que Dios la bendiga por ser una preciosa persona que nos ayudó y donó el terreno. ¡Fue un verdadero triunfo!.
Doña Gloria Salas recordó asi mismo que aunque “habían varias ideas” (para el desarrollo y la construcción en el terreno, “con la ayuda de Dios llegó el mejor proyecto, el de Southwestern College, y el lugar pasó (de ser un lugar de sangre y muerte) a un jardín lleno de flores, con jóvenes con sueños de estudiar y convertir a San Ysidro en un lugar de mucho orgullo, (pues) muchos jóvenes se han graduado y ahora tienen magníficos trabajos”. Se cambió una tragedia en triunfo, afirmó satisfecha la entrevistada, quien dijo que en “la actualidad sigo luchando por nuestra comunidad de la que me siento muy orgullosa”.


