La Comisión Internacional de Límites y Aguas (CILA) de Estados Unidos informó que México ha iniciado la Fase 2 del proyecto de infraestructura del Colector Internacional, destinado a mejorar el manejo de aguas residuales en la frontera. Sin embargo, persisten las preocupaciones sobre nuevas descargas transfronterizas de aguas residuales que podrían afectar a comunidades del sur de San Diego.
Durante la Fase 1 del proyecto, realizada en marzo y abril, México se comprometió a implementar sistemas de bombeo y tuberías para desviar el flujo de aguas residuales durante la construcción. Pese a ello, se registraron múltiples descargas de decenas de millones de galones de aguas negras al río Tijuana y el océano Pacífico, las cuales terminaron afectando zonas como Imperial Beach y el Valle del Río Tijuana.
Entre los impactos locales que podrían presentarse durante esta nueva etapa se encuentran olores desagradables, mayor contaminación en aguas costeras y potenciales interrupciones en la operación de la Planta Internacional de Tratamiento de Aguas Residuales en South Bay. Aunque se prevé que esta planta continúe operando con suficiente flujo entrante para mantener sus procesos biológicos, la presencia de residuos provenientes de las obras mexicanas podría afectar su funcionamiento.
El proyecto busca modernizar el sistema de manejo de aguas residuales en la frontera. La empresa Veolia, que opera la planta de South Bay bajo contrato con el gobierno federal estadounidense, ha subrayado que no tiene injerencia en la planificación ni ejecución de las obras del lado mexicano. En la primera fase, pese a las medidas de mitigación anunciadas, se documentaron varias jornadas de descargas directas al medio ambiente.
México ha indicado que durante esta segunda fase el flujo de aguas desviadas será conducido hacia la planta de tratamiento San Antonio de los Buenos (SAB), recientemente rehabilitada para procesar hasta 18 millones de galones diarios. No obstante, dicha planta arrastra un historial de deficiencias operativas, lo que genera dudas sobre su capacidad para manejar eficazmente el volumen proyectado.
Ante este panorama, Veolia instó tanto a las autoridades mexicanas como a la CILA a mantener una coordinación y comunicación constante durante esta etapa crítica del proyecto. La empresa se mantiene en alerta para ajustar las operaciones de la planta de South Bay en caso de que las condiciones cambien.

