Horacio Rentería

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SAN DIEGO.- José Antonio Vargas, el periodista filipino que fue censurado y despedido del New York Times por su condición de indocumentado, luego de haber publicado su reportaje: My Life as an Undocumented Immigrant (Mi Vida como un Inmigrante Indocumentado) advirtió que continuará defendiendo el Dream Act y a los más de 11 de millones de inmigrantes sin documentos, que trabajan bajo las sombras, y las víctimas que suman, en el gobierno de Obama, más de 800 mil deportados en los últimos dos años. Vargas, quien formó ganador del Premio de Periodismo Pulitzer por la cobertura de la balacera ocurrida en el Instituto Polítécnico y la Universidad Estatal de Virginia, el16 de abril del 2007, recordó que llegó a este país como indocumentado, y lo sigue siendo hoy a los 30 años.

Hoy el periodista sigue siendo modesto pero muy firme en sus convicciones: aunque no tiene papeles de inmigración que acrediten su legal estancia en el país, permanece por el respaldo de un grupo de abogados.

“Esta no es mi historia, aquí no se trata de mí, sino de ellos”, dijo en referencia a los millones de inmigrantes a los que se les ha negado la legalización, los que han sido deportados y los se encuentran en procesos de ser expulsados del país por el ICE.

El fundador de la organización denominada: Define American visitó la ciudad de San Diego y charló ante los miembros de Equality Alliance, acompañado de su maestra del Colegio, Patricia Hyland, y la periodista local para Fox News, Jehmu Greene.

En el reportaje publicado en The New York Times, Vargas narra aquel año de 1993 en que se subió por primera vez en su vida a un avión.

Tenía 12 años y fue enviado por su madre, “porque ella quería darme una mejor forma de vida”. Pero la permanencia en la población de Mountain View, California (perteneciente a la Bahía de San Francisco) no fue para él nada fácil, y vivió en su niñez y adolescencia –sin plena conciencia- de que sus abuelos lo habían recibido a condición de que permanecería aquí con una ‘mica’ y seguro social falsos, pero ello no lo supo sino cuando acudió al DMV y trató de sacar un permiso para su bicicleta.

Sin embargo, el joven –a quien siempre le ha caracterizado sus persistencia- y “los debates sobre extranjeros ilegales intensificaron mi ansiedad en 1994, apenas un año después de mi llegada de Filipinas. El gobierno de Pete Wilson fue reelegido en parte por el apoyo que dio a la Proposición 187, que prohibía a los inmigrantes indocumentados asistir a las escuelas públicas y acceder a otros servicios”, afirma en el reportaje que le fue censurado en el New York Times y que luego publicaría por entregas en Los Angeles Times.

Un dato significativo es que durante su exposición, José Antonio Vargas no parece darle mucha importancia a su despido del New York Times por el director ejecutivo de ese diario, Marcus Braushli (quien repentinamente decidió suspender la publicación de la historia) ni el respaldo que del 2004 al 2009 le había dado Meter Perl (Editor Asistente) aún sabiendo su condición de indocumentado.

Si recuerda con interés, sin embargo, como se enteró el año pasado de que cuatro estudiantes marcharon desde Miami a Washington en demanda de que se apruebe el Dream Act, o cuando aceptó, sin tapujos, su orientación homosexual, ante el Superintendente del Distrito de Ocean View, Rich Fisher y la profesora Patricia Hyland, entonces directora de Mountain View High School, y quien lo acompañó durante la charla ofrecida en el jardín de la casa de la abogada Lilia Velásquez.

Al término de la exposición de Vargas, intervino Ashley Walter, presidenta de la junta directiva de Equality Alliance San Diego County, quien dijo que la dura experiencia sufrida por este joven pone en evidencia que los crímenes de odio y la segregación en este país debe parar.