La intolerancia religiosa impide que millones de personas en el mundo puedan celebrar en público la Navidad.

DESTACADOS:

• Ochenta personas fallecieron y 259 resultaron heridas en la nochebuena de 2010 al registrarse nueve explosiones en zonas frecuentadas por los cristianos Nigeria.

• En Israel los inmigrantes sin papeles evitan las celebraciones públicas y alejan los árboles de Navidad de las ventanas para no ser identificados.

• 11 creyentes sufrieron heridas cuando una bomba detonó en el interior de una iglesia ubicada en el sur de Filipinas, estado donde el grupo radical islámico Abu Sayyaf ha perpetrado numerosos secuestros contra la comunidad cristiana.

Según Antonio Alonso, doctor en Ciencias Políticas y presidente del Observatorio Antidifamación Religiosa, estas matanzas se producen en pueblos que “no han alcanzado un desarrollo integral” puesto que carecen de un “auténtico estado de derecho” que proteja a unas minorías que cada vez se ven más acosadas en lugares como la India, Africa Subsahariana o Indonesia.

Este último país registró 19 muertes el día de Navidad de 2000, cuando varias iglesias cristianas de Yakarta se convirtieron en el objetivo de los ataques integristas, a quienes, en opinión de Alonso, les favorece la “desidia gubernamental” existente en muchas zonas del planeta.

El presidente del Movimiento contra la Intolerancia, Esteban Ibarra, cree que ni siquiera las instituciones internacionales son capaces de vislumbrar el grave peligro que representan unos ataques cuyo caldo de cultivo se sitúa en los “países donde el fundamentalismo deriva en posiciones integristas de intolerancia religiosa”.

Todas estas discriminaciones adquieren una dimensión especifica en China, donde el régimen comunista impide, según Alonso, que se desarrolle con amplitud cualquier manifestación espiritual o religiosa.

Opuesto a la doctrina que se proclama desde Roma y ante el evidente crecimiento de la población católica, el gobierno chino ha desarrollado su propio culto oficial, la Asociación Patriótica de los católicos chinos, como ya hizo en el pasado la Rusia estalinista al comprobar que la religión es “un instrumento muy bueno para mantener el control”.

Mientras, en Israel el conflicto religioso esté revestido de un componente que dificulta a miles de creyentes la conmemoración del nacimiento de Cristo: la inmigración. Conscientes de que pertenecen a una minoría (en 2002 representaban el 2,1% de la población) las personas sin papeles evitan mostrar su credo en público e incluso colocan los árboles de Navidad lejos de las ventanas, temerosas de ser fácilmente identificadas por la policía.

¿INTOLERANCIA EN OCCIDENTE?

En EEUU y Europa la situación es muy diferente y los casos de intolerancia cada vez están más relacionados con lo que Antonio Alonso define como “laicismo extremo”.

Con el propósito de adaptarse a una realidad social en la que conviven numerosas etnias y religiones, muchas instituciones, tanto públicas como privadas, han optado por retirar toda mención al cristianismo en estas fechas.

Colegios sin belenes, tarjetas que felicitan “la época vacacional” o abetos denominados como “árboles festivos”, son algunos de los subterfugios a los que recurren centros comerciales o instituciones gubernamentales para que nadie pueda sentirse ofendido.

Opuesto a estas medidas, Esteban Ibarra insiste en que la Navidad ha trascendido las barreras de la religión para convertirse en un hecho cultural. “Creen que al imponer la nada van a ser más tolerantes y eso es falso -añade Alonso-. El hombre necesita esa expresión religiosa en la vida privada, pero también explicar públicamente su fe”.