El tijuanense Armando Pérez de 44 años de edad fue sentenciado en San Diego a cadena perpetua por el homicidio con agravantes de su esposa.

El juez Frederic Link dijo a Pérez que desde su punto de vista merecía la pena de muerte pero tenía que dejar la condena en cadena perpetua porque así lo exigía el acuerdo por el que Pérez había sido extraditado de México.

“La masacraste; sabías lo que estabas haciendo. Mereces que te encierren para el resto de tu vida. Fuiste cruel, eras cruel, eras insensible”, dijo el magistrado.

“Por mí, debería haber obtenido la pena de muerte por lo que hice”, respondió Pérez, “sé que es difícil perdonarme después de lo que le hice a Diana. Ya no soy ese monstruo que mató a Diana”.

El 12 de octubre del 2010 Pérez tenía entonces 37 años y su esposa, Diana González, tenía 19 años.

El matrimonio había tenido discusiones porque Pérez celaba a su esposa, pero ese día la siguió al Colegio Comunitario de San Diego, donde ella estudiaba, la obligó a entrar a uno de los baños y la apuñaló repetidas ocasiones. Luego de que la mató, con la misma arma filosa escribió en la espalda de su esposa la palabra ramera en inglés.

En cuanto cometió el homicidio, el hombre cruzó la frontera. El alguacil lo requería inicialmente como “persona de interés” en el caso del homicidio, pero luego encontró evidencias y comprobó que el sospechoso había huido.

El hombre fue localizado en territorio mexicano y extraditado en el 2012. En la corte se le permitió defenderse a sí mismo como lo había solicitado y se declaró culpable del homicidio, pero otra corte exigió que se hiciera nuevamente el juicio porque el acusado no podía representarse y declararse culpable sin abogado en un caso en que enfrentaba cadena perpetua o pena de muerte.

Pérez declaró que el día que mató a González esa no era su intención pero la siguió al colegio y la vio con otro hombre, entonces, según dijo, perdió los estribos y le hizo una escena de celos, y Diana González le advirtió que podría separarse y no permitirle a él volver a ver a su hija que entonces tenía dos años de edad.

La subprocuradora de distrito, Jessica Lees, dijo que el día del homicidio los padres de Diana González esperaban que la joven madre saliera de clases para llevarla a su casa.

La joven había interpuesto unos días antes una orden de restricción porque Pérez se había obsesionado con actitudes celosas y la agredía.

La sentencia que le impusieron a Pérez impide que en el futuro su condena pueda ser reducida o que pueda tener la libertad condicional.

Manuel Ocaño

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