Algunos estudios señalan que el ayuno promueve la acumulación de grasa en el vientre e incluso ralentiza nuestro metabolismo.

Puede que ya conociéramos esta idea. Sin embargo, no dejamos de desayunar lo primero que se nos cruza. Unos cereales, un zumo, un café, panes industrial… Regalamos a nuestro cerebro un subidón de glucosa y salimos a trabajar con una energía que no tardará en disiparse. Ahora bien, más allá de lo que podamos pensar, mejorar el ánimo y energía a través del desayuno es bastante sencillo. Es suficiente con contar con dos elementos clave: información y antelación. Si sabemos qué alimentos pueden ayudarnos, basta con tenerlos siempre en casa y listos para consumir.

Huevos

Incluir huevos en el desayuno es todo un acierto. Podemos hacerlo entre tres y cuatro veces por semana. Aportan energía para toda la mañana, y lo mejor: no provocan picos de glucosa en la sangre. Asimismo, son ideales para niños y ancianos porque nutren a la masa muscular.

Por otro lado, hay una curiosidad excepcional en los huevos. Son fantásticos para mejorar nuestra memoria. Su secreto está en la colina, un nutriente que protege los nervios cerebrales y que favorece la comunicación entre las neuronas.

Yogur griego

Si queremos mejorar el ánimo y energía a través del desayuno, nada mejor que incluir un yogur griego natural. Más allá del clásico temor a los lácteos por su componente graso o por la intolerancia a la lactosa, cabe decir que el consumo de esta propuesta en concreto es muy acertada por varias razones. El yogur griego nos aporta proteínas de fácil asimilación. Son una fuente natural de probióticos.

Avena

La avena es otra opción muy recomendable para mejorar el ánimo y darnos energía para todo el día. Este cereal es muy rico en vitamina B6 y B5, nutrientes esenciales para que podamos combatir el cansancio y lidiar mucho mejor ante el estrés y la ansiedad.

Té blanco

Estamos acostumbrados a incluir en nuestros desayunos café, té verde o incluso el clásico zumo de naranja. Vayamos un poco más allá. Probemos al menos durante 15 días el té blanco. Por curioso que nos resulte es más rico en antioxidantes que el té verde o el té negro. A su vez, su alto contenido de catequina protege a nuestro cerebro del daño oxidativo y de la inflamación.