Hay lío puertas adentro del castillo más importante del entretenimiento audiovisual. Este jueves por la mañana, los abogados de Scarlett Johansson presentaron una demanda en el Tribunal Superior de Los Ángeles contra Disney, alegando que el contrato de la actriz se rompió cuando la empresa decidió estrenar Black Widow simultáneamente en salas y en la plataforma Disney+ bajo la modalidad Premium Access. Según afirman, este esquema significó una reducción de lo recaudado por la venta de entradas y, por lo tanto, de los ingresos de Johansson, ya que una buena parte de su compensación está atada al rendimiento en la taquilla. “Disney indujo intencionalmente a Marvel al incumplir el acuerdo, sin justificación, para evitar que la Sra. Johansson diera cuenta del beneficio total de su contrato con Marvel”, escribieron los abogados. 

Con su fecha de estreno original (abril de 2020) varias veces postergada por la pandemia, Black Widow marcó, a principios de este mes, el regreso de Marvel a la cartelera comercial luego de más de un año y medio sin superhéroes a la vista. Pero cuando las salas empezaron a recuperar fuerza luego del parate, el escenario era muy distinto: Disney sacó provecho del aumento del consumo de contenidos vía streaming durante los aislamientos sociales decretados en gran parte del mundo para adelantar sus planes exploratorios de nuevas posibilidades de lanzamiento. El problema es que ninguno de ellos tiene a las salas como principal fuente de ingresos, algo que ni siquiera las quejas de los exhibidores –maniatados ante un público masivo que repele casi todo lo que no huele a franquicia– pudieron modificar.