Muchas familias asumen que sus hijos están a salvo en el agua. Foto: Archivo AAP

Aunque muchas familias asumen que sus hijos están a salvo en el agua al llegar a la adolescencia, las estadísticas cuentan una historia diferente. 

De acuerdo con la Academia Estadounidense de Pediatría (AAP), cada año mueren cientos de adolescentes por ahogamiento en Estados Unidos, incluyendo a jóvenes con habilidades avanzadas de natación.

Este repunte en el riesgo, que se presenta después de la disminución registrada en la infancia temprana, ha generado alarma entre especialistas en seguridad acuática y salud infantil. 

Las causas, según los expertos, son múltiples: exceso de confianza, consumo de alcohol y drogas, y la tendencia natural de los adolescentes a tomar decisiones impulsivas sin evaluar los riesgos.

“Muchos adolescentes creen que pueden manejar cualquier situación en el agua, pero eso no siempre es cierto”, advirtió la AAP en su sitio informativo HealthyChildren.org. 

“Su cerebro aún está en desarrollo y eso influye en su capacidad de juicio, lo cual puede llevarlos a asumir riesgos innecesarios, especialmente en presencia de amigos”.

El entorno también influye en la peligrosidad. Mientras que los niños pequeños suelen ahogarse en piscinas, los adolescentes corren mayor riesgo en cuerpos de agua naturales como lagos, ríos, océanos y estanques. 

Las condiciones cambiantes, corrientes ocultas y la falta de supervisión adulta son factores que agravan el peligro en estos lugares.

El consumo de alcohol durante actividades acuáticas es otra causa crítica. Según estudios citados por la AAP, entre el 30% y el 70% de las muertes por ahogamiento en adolescentes ocurren en contextos recreativos donde hubo consumo de alcohol. 

Datos de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades indican que dos de cada tres estudiantes de último año de secundaria han probado bebidas alcohólicas, lo que agrava el riesgo.

Frente a esta realidad, especialistas recomiendan un enfoque integral de prevención que incluya supervisión activa, capacitación en natación, uso de chalecos salvavidas y formación en RCP. “Saber nadar no equivale a estar a salvo”, recalca la AAP, que aconseja no permitir que los adolescentes naden solos y que opten siempre por áreas con salvavidas presentes.

RECOMENDACIONES CLAVE

* Asegurarse de que el adolescente sepa entrar al agua siempre con los pies por delante.

* Enseñarle a reconocer los peligros específicos de playas, ríos y lagos, como las corrientes de resaca o zonas de navegación.

* Exigir el uso de chalecos salvavidas certificados en botes, motos acuáticas y otras embarcaciones.

* Dialogar abiertamente sobre el peligro del consumo de alcohol o drogas en entornos acuáticos.

* Promover el aprendizaje de maniobras de rescate y reanimación cardiopulmonar (RCP).

La prevención también pasa por el ejemplo. “Los adultos deben usar chaleco salvavidas y abstenerse de consumir alcohol al supervisar actividades en el agua”, señala el organismo.

Aunque las cifras son preocupantes, la AAP subraya que los ahogamientos en adolescentes son prevenibles.

Recalca la importancia de abordar estos temas durante las revisiones médicas anuales y de no dar por sentada la seguridad de los jóvenes, incluso si han tomado clases de natación. “La clave está en anticiparse a los riesgos y reforzar conductas responsables”, concluye.