La ansiedad y la depresión durante el embarazo y el posparto representan un problema de salud pública con efectos que van más allá del bienestar emocional de la madre, al estar asociadas con posibles afectaciones en el desarrollo neurológico del bebé, advierten especialistas en salud perinatal.
Diversos estudios científicos han documentado que las hijas e hijos de mujeres que atraviesan trastornos emocionales durante la gestación pueden presentar retrasos en el desarrollo neurológico. Estas alteraciones estarían vinculadas a procesos biológicos que ocurren en la placenta, como la metilación placentaria, un mecanismo que puede reducir la actividad de cuatro genes clave para el desarrollo cerebral del feto.
La Dra. Ma. del Pilar Meza Rodríguez, investigadora en del Departamento de Neurociencias del Instituto Mexicano de Perinatología explicó que la detección temprana de los factores de riesgo emocionales durante el embarazo es fundamental para prevenir consecuencias a largo plazo.
“La identificación oportuna de ansiedad y depresión perinatal permite brindar atención
especializada que puede disminuir el impacto tanto en la madre como en el bebé”, señaló la especialista.
A nivel global, la ansiedad y la depresión durante el embarazo y el posparto afectan
aproximadamente a una de cada siete mujeres. Sin embargo, se estima que hasta el 50 % de los casos no se diagnostican, principalmente debido al estigma social y a la dificultad de muchas mujeres para expresar abiertamente sus síntomas.
En Estados Unidos, los datos más recientes confirman la magnitud del problema. El informe Health of Women and Children 2025, de America’s Health Rankings, indica que en 2023 el 11.9% de las mujeres —alrededor de 318 mil— reportó síntomas de depresión posparto, mientras que el 20.3 %, equivalente a 544 mil mujeres, presentó síntomas de ansiedad posparto.
Lizeth Cuara, especialista en bienestar materno, explicó que la depresión posparto puede estar asociada a múltiples factores, entre ellos los cambios hormonales, la falta de sueño, el agotamiento físico, así como el estrés emocional, el aislamiento y la ausencia de redes de apoyo.

“Es una condición frecuente, real y tratable. La detección temprana es clave para proteger la salud de las madres y el desarrollo de sus hijos”, subrayó.
Aunque no siempre es posible prevenir la depresión posparto, la evidencia científica muestra que el acompañamiento emocional, el acceso oportuno a servicios de salud mental y el seguimiento continuo durante el embarazo y el posparto pueden reducir su impacto y favorecer una recuperación más rápida.
Especialistas coinciden en que hablar abiertamente sobre la salud mental materna y normalizar el autocuidado contribuye a reducir el estigma, promueve una atención más empática y fortalece la salud familiar.