Por Fanny Miller*
Cuando votamos, tomamos una decisión que va mucho más allá de nuestra propia vida. Nuestras elecciones afectan a nuestros vecinos, a los compañeros de escuela de nuestros hijos, a quienes trabajan a nuestro lado y a familias que quizá nunca conozcamos.
Por eso creo que debemos hacernos una pregunta difícil: ¿Estoy votando únicamente por lo que me beneficia o también estoy considerando lo que necesita nuestra comunidad?
Esos intereses no siempre coinciden. Una política puede dejar más dinero en mi bolsillo mientras les quita recursos a familias que luchan por salir adelante. Quizá yo nunca necesite cierto servicio público, pero el hijo, la madre o el abuelo de alguien más puede depender de él.
Nuestra responsabilidad no puede terminar en la puerta de nuestra casa.
Al frente de El Latino durante casi cuatro décadas, he escuchado a familias cuyo esfuerzo no las ha protegido de las dificultades. He conocido las preocupaciones de pequeños empresarios, de padres que buscan mejores escuelas y de personas que temen ser ignoradas.
Estas experiencias me han enseñado que el éxito personal no elimina nuestra responsabilidad hacia los demás. Si a mí me va bien mientras quienes me rodean se quedan atrás, sigo teniendo razones para preocuparme y para actuar.
Votar pensando en nuestra comunidad exige mirar más allá de los lemas de campaña, la lealtad a un partido y la conveniencia personal. Exige preguntarnos quién se beneficia, quién carga con las consecuencias y qué les estamos dejando a las próximas generaciones.
Debemos examinar la trayectoria de los candidatos, sus prioridades y cómo tratan a quienes tienen menos poder. Debemos exigir respuestas sobre educación, vivienda, salud, oportunidades económicas y la dignidad de cada persona.
No estaremos de acuerdo en todas las soluciones. Nuestra comunidad reúne experiencias,
creencias y perspectivas políticas distintas. Pero el desacuerdo no justifica la indiferencia.
Podemos debatir propuestas y reconocer que nuestras decisiones tienen consecuencias para los demás.
Y no podemos exigir que se escuche nuestra voz mientras elegimos guardar silencio en las urnas.
Para quienes podemos votar, participar es una responsabilidad. Quienes no pueden hacerlo también aportan al promover una participación informada.
Quiero que nuestros hijos hereden una comunidad donde las oportunidades lleguen más allá de los privilegiados, donde el esfuerzo tenga posibilidades de dar frutos y donde las dificultades de alguien también les importen a quienes no las padecen.
Ese futuro exige votar con un sentido más amplio de responsabilidad.
Si crecemos como comunidad, tendremos más poder para hacer escuchar nuestra voz y construir una prosperidad que alcance a más familias.
Antes de emitir tu voto, pregúntate: ¿Quién más vivirá las consecuencias de esta decisión?
Después, vota pensando también en esas personas. Nuestra comunidad merece más que nuestra preocupación. Merece nuestra participación.
*Fanny Miller es directora de El Latino San Diego

