Después de más de una década de restricciones federales sobre productos lácteos en cafeterías escolares, el gobierno de Estados Unidos restableció la leche entera y la leche al 2% en programas de alimentación infantil, una medida que reabre el debate sobre nutrición escolar, grasas saludables y políticas alimentarias impulsadas desde Washington.
El cambio fue anunciado mediante un comunicado oficial del Departamento de Agricultura, que confirmó la activación de la llamada Ley de Leche Entera para Niños Saludables, normativa que permitirá nuevamente ofrecer leche entera y semidescremada en escuelas y programas federales de nutrición para la niñez.
La decisión revierte parcialmente restricciones nutricionales aplicadas durante años en programas escolares federales, donde predominaban opciones descremadas o bajas en grasa como parte de estrategias para combatir obesidad infantil y enfermedades cardiovasculares.
Brooke Rollins, secretaria de Agricultura, sostiene en el comunicado que regulaciones anteriores impedían incluir leche entera en menús escolares “a pesar de la creciente evidencia” sobre el papel de las grasas saludables en el desarrollo infantil.
El USDA argumentó que la leche entera aporta proteínas, calcio, potasio, fósforo, vitamina D y vitaminas A y B12, nutrientes esenciales para huesos, músculos y sistema inmunológico, además de energía necesaria para etapas tempranas del desarrollo cerebral.
En tanto, la American Academy of Pediatrics recomienda leche entera para niños de 12 a 24 meses porque la grasa láctea contribuye al desarrollo neurológico y ocular durante etapas clave del crecimiento.
Investigaciones recientes han cuestionado la idea de que la leche entera aumente necesariamente el riesgo cardiovascular, señalando que puede generar mayor saciedad y favorecer una dieta más equilibrada.
Por su parte, la leche semidesnatada al 2% mantiene gran parte de los nutrientes de la leche entera, pero con menor contenido de grasa saturada y menos calorías, por lo que suele recomendarse como transición después de los dos años de edad o en casos donde existe riesgo de obesidad o antecedentes cardiovasculares familiares.
Al respecto, la American Academy of Pediatrics señala que muchos pediatras utilizan la leche al 2% como paso intermedio antes de cambiar a opciones bajas en grasa o descremadas. Este tipo de leche continúa aportando calcio, proteínas y vitamina D, necesarios para el crecimiento infantil y la salud ósea, pero con un perfil calórico más moderado.
La USDA señaló que el cambio busca dar mayor flexibilidad a escuelas y proveedores de alimentos escolares; y adelantó que continuará promoviendo alimentos producidos localmente dentro de programas de nutrición infantil, incluyendo carne de res y productos agrícolas regionales.

