La decisión del presidente Donald Trump de declarar el inglés como idioma oficial de Estados Unidos podría restringir el acceso a servicios federales para millones de ciudadanos con dominio limitado del idioma. Esta medida podría afectar a sectores vulnerables, incluidos adultos mayores e inmigrantes, al eliminar la obligación de las agencias gubernamentales de ofrecer servicios en otros idiomas.
Actualmente, Estados Unidos no tiene un idioma oficial declarado a nivel federal. Sin embargo, en países donde sí se ha adoptado una lengua oficial, como Francia o Alemania, la política lingüística influye directamente en la administración pública, la educación y la integración social de las comunidades migrantes. La nueva orden ejecutiva pone en entredicho décadas de políticas de acceso lingüístico, que han permitido que ciudadanos de diversas comunidades accedan a servicios esenciales como el Seguro Social y Medicare.
En respuesta a esta orden, los líderes del Tri-Caucus del Congreso expresaron, desde Washington, D. C., su rechazo.
El representante Adriano Espaillat (NY-13), la representante Grace Meng (NY-06) y la representante Yvette Clarke (NY-09) emitieron una declaración conjunta en la que calificaron la medida como “un intento de permitir que las agencias federales discriminen a los inmigrantes y a las personas con un dominio limitado del inglés”.
“¿Qué ocurre cuando una persona mayor con conocimientos limitados de inglés necesita ayuda para acceder al Seguro Social que se ha ganado? O ¿cuando un hablante no nativo de inglés necesita ayuda para inscribirse en Medicare?”, cuestionaron en su comunicado.
El inglés ha sido históricamente el idioma predominante en la vida política y económica de Estados Unidos, pero la diversidad lingüística ha sido un rasgo distintivo del país desde su fundación. Según datos del Censo, más de 67 millones de personas en el país hablan un idioma distinto al inglés en casa. La nueva medida podría generar barreras para estas comunidades, afectando su acceso a programas gubernamentales fundamentales.
“El inglés sigue siendo el idioma de facto de nuestra nación, pero las personas que hablan otro idioma son tan estadounidenses como los que sí lo hablan”, señalaron los legisladores, asegurando que continuarán luchando para preservar los derechos lingüísticos en el país.

