Permanecer sentado durante periodos prolongados se ha convertido en un factor silencioso pero determinante en el deterioro de la salud y el envejecimiento prematuro, de acuerdo con la especialista en nutrigenómica y epigenética Michelle Peiret, formada en España y en la Universidad de Harvard.
En un contexto donde el sedentarismo se ha normalizado como parte de la vida moderna, Peiret advirtió que el cuerpo humano “no fue diseñado para la quietud”, y que la falta de movimiento tiene efectos profundos que van más allá de los músculos o las articulaciones. “Durante miles de años, moverse fue indispensable para sobrevivir. Hoy, la reducción drástica del movimiento diario altera funciones básicas del organismo”, explicó.
Según la especialista, permanecer largas horas sentado reduce el flujo de oxígeno a las células, enlentece la circulación sanguínea y altera el metabolismo. “Este escenario favorece el aumento del estrés oxidativo y la inflamación crónica, procesos directamente vinculados con el envejecimiento celular acelerado. En términos simples, el cuerpo empieza a envejecer antes de tiempo”, señaló.
Peiret también subrayó el impacto del sedentarismo en la salud cerebral. “Numerosas investigaciones han relacionado la falta de movimiento con un mayor riesgo de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, así como con una mayor probabilidad de sufrir accidentes cerebrovasculares y otros trastornos degenerativos”, indicó. Añadió que las personas sedentarias suelen experimentar un deterioro cognitivo más rápido que aquellas que mantienen una actividad física regular, incluso cuando esta es moderada.
“El movimiento estimula la neuroplasticidad, mejora el flujo sanguíneo cerebral y actúa como un verdadero escudo protector para la salud mental”, afirmó.
La especialista advirtió además que el sedentarismo rara vez se presenta de forma aislada. “Suele estar acompañado de poca exposición a la luz solar, lo que afecta los niveles de vitamina D, una alimentación deficiente, trastornos del sueño y estilos de vida altamente inflamatorios”, explicó. Este conjunto de factores, añadió, genera un círculo vicioso que acelera el desgaste físico y mental y debilita la capacidad del cuerpo para repararse.
Peiret enfatizó que combatir el sedentarismo no implica realizar rutinas extenuantes. “Caminar más, levantarse con frecuencia, sumar pasos durante el día y mantener movimientos simples y constantes puede tener un impacto enorme en la salud”, sostuvo.
Finalmente, recalcó que el movimiento no es una cuestión estética, sino una necesidad biológica. “Moverse es medicina: retrasa el envejecimiento, protege el cerebro y reduce de forma significativa el riesgo de enfermedades crónicas. Cada paso cuenta y cada minuto de movimiento es una inversión directa en longevidad y calidad de vida”, concluyó.

