La población mayor de 65 años ha crecido de forma sostenida en la última década, el envejecimiento ya no es una proyección: es una realidad. Foto: AltaMed Health Services

Nuevos datos publicados por la U.S. Census Bureau confirman que Estados Unidos, como país, llega a su 250 aniversario con una tendencia activa de envejecimiento. 

La edad media nacional pasó de 39.2 años en 2024 a 39.4 en 2025, un incremento que consolida una transformación demográfica iniciada décadas atrás.

En el condado de San Diego, donde la edad media ronda los 37 a 38 años y la población mayor de 65 años ha crecido de forma sostenida en la última década, el envejecimiento ya no es una proyección: es una realidad que se acelera y que refleja una tendencia nacional más amplia. 

La proporción de adultos mayores de 65 años aumentó de 11.4% en 2010 a 15.5% en 2022, mientras que proyecciones locales estiman que la población de 60 años o más superará las 824 mil personas hacia 2029. 

El informe federal, elaborado por los demógrafos Luke T. Rogers y George M. Hayward, identifica dos factores clave detrás de este envejecimiento: la disminución sostenida en la tasa de natalidad y el aumento en la esperanza de vida.

Uno de los cambios más significativos es la reducción de la brecha entre hombres y mujeres en edades avanzadas. Aunque las mujeres siguen siendo mayoría entre los adultos mayores, la diferencia se ha reducido en los últimos 25 años.

“Las tasas de mortalidad de los hombres mayores han disminuido más rápido que las de las mujeres, y como resultado, su participación dentro de la población envejecida ha aumentado”, explicó Marc Perry, demógrafo senior de la agencia.

El análisis nacional también advierte que la tasa de fertilidad cayó de 2.11 nacimientos por mujer en 2001 a 1.63 en 2024, muy por debajo de los niveles necesarios para reemplazo generacional. Esta tendencia, combinada con el envejecimiento de la generación “baby boomer”, está modificando la estructura poblacional.

Para regiones como California esto se traduce en presiones concretas: mayor demanda de servicios de salud, incremento en la necesidad de vivienda accesible para adultos mayores y cambios en el mercado laboral.

Incluso en el ámbito habitacional ya se observan efectos. Datos recientes muestran un aumento en el número de personas mayores de 65 años que rentan vivienda en el área, reflejo de nuevas dinámicas económicas y sociales vinculadas al envejecimiento.

De acuerdo con la U.S. Census Bureau, estos cambios también podrían impactar la proporción de población dependiente frente a la población en edad laboral, así como transformar estructuras familiares y patrones de convivencia intergeneracional.

Con estimaciones previstas para los próximos meses, se anticipa que el reto no será únicamente demográfico, sino también estructural: adaptar ciudades a una población que vive más años, pero que también demanda más servicios, infraestructura y atención especializada.