SAN DIEGO.— “Esta tarde, dos adolescentes se acercaron al Centro Islámico de San Diego y abrieron fuego, matando a tres personas”, escribió la artista y muralista Emily Catherine Dolton, quien describió el ataque como una irrupción violenta en un entorno que forma parte de su vida cotidiana.
Desde sus redes sociales, Dolton detalló una relación de cercanía con el Islamic Center of San Diego que no es institucional, sino vecinal. Afirmó que el centro islámico está “a pocas cuadras de mi casa”, que ha trabajado con estudiantes en “proyectos de arte y murales”, y que conoce a personas que viven o trabajan en el lugar. En su testimonio, añadió un elemento especialmente duro: una de las víctimas, el guardia de seguridad, era alguien a quien veía “todos los días en mis caminatas matutinas”.
Así como la artista local, distintas voces coinciden en describir el hecho no solo como un ataque armado, sino como una ruptura profunda en la vida cotidiana de un barrio donde la mezquita, la escuela y los vecinos forman un mismo tejido social.
El ataque provocó una ola de reacciones en San Diego y a nivel nacional, entre ellas la del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien calificó la situación como “terrible” y aseguró que había recibido reportes iniciales del caso. “Es una situación terrible… la vamos a revisar con mucha seriedad”, afirmó.
Por su parte, el gobernador de California, Gavin Newsom, señaló que el estado está en coordinación con las autoridades locales y que se mantiene en seguimiento constante del desarrollo de la investigación.
En el ámbito local, el presidente interino del Concejo de San Diego, Kent Lee, expresó: “Mi corazón está con cada víctima, cada familia en duelo y la comunidad musulmana de San Diego”, y subrayó: “Debemos llamar a esto por su nombre: odio”. Lee también advirtió sobre la radicalización de jóvenes en internet y el impacto del extremismo en la violencia actual.
Desde lo laboral, el San Diego and Imperial Counties Labor Council condenó el asesinato del guardia de seguridad: “Estamos desconsolados e indignados”, señaló, al destacar que “estaba trabajando. Velaba por la seguridad de las personas. Y hoy no regresará a casa”.
El Roman Catholic Diocese of San Diego expresó su solidaridad con la comunidad musulmana. El obispo Michael Pham afirmó: “Nos solidarizamos y oramos con la comunidad musulmana que fue víctima de un acto de violencia sin sentido”, y agregó que “los lugares de culto deben ser siempre santuarios de paz, seguridad y oración”.
La San Diego Federation Jewish condenó el ataque y afirmó que la violencia contra lugares de culto “es intolerable”, además de pedir reforzar la seguridad en instituciones religiosas mientras avanza la investigación.
El Presbytery of San Diego también lamentó lo ocurrido y llamó a responder con solidaridad y unidad, subrayando que el ataque afecta la esencia de la convivencia comunitaria.
Las autoridades mantienen la investigación en curso y han pedido a la población evitar la zona mientras continúan las labores de seguridad.

