La administración Trump ha ordenado la congelación de casi todos los fondos de ayuda exterior por 90 días, afectando miles de programas financiados por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).
La medida responde a una revisión de la asistencia global bajo el argumento de que “no está alineada con los intereses estadounidenses”.
El secretario de Estado, Marco Rubio, asumió la dirección interina de USAID y ordenó la paralización inmediata de fondos, salvo excepciones para asistencia alimentaria de emergencia y financiamiento militar a Israel y Egipto.
Como consecuencia, la sede de la agencia en Washington, D.C., cerró temporalmente y se notificó el despido de cientos de empleados.
Impacto en la asistencia global
La decisión amenaza con suspender permanentemente programas esenciales, incluyendo la lucha contra el VIH/SIDA, acceso a agua potable, salud infantil y educación.
En 2023, Estados Unidos destinó 72.000 millones de dólares a asistencia internacional, representando el 42 % de la ayuda humanitaria global, según la ONU.
Paralelamente, 56 funcionarios de USAID fueron suspendidos en medio de una investigación sobre presuntos intentos de eludir la orden ejecutiva.
Reacciones nacionales e internacionales
El Secretario General de la ONU, António Guterres, pidió a EE.UU. reconsiderar la medida para evitar una crisis humanitaria.
Desde Oxfam América, su presidenta Abby Maxman advirtió sobre el impacto en comunidades vulnerables.
Legisladores demócratas rechazaron la reestructuración de USAID, señalando que su eliminación requeriría intervención del Congreso.
Mientras tanto, Elon Musk declaró que su Departamento de Eficiencia Gubernamental estaba “cerrando USAID”, aunque no se han confirmado detalles sobre esta afirmación.
Fundada en 1961, USAID ha sido un pilar en la distribución de ayuda exterior no militar de Estados Unidos, aunque su papel ha sido objeto de debate en el marco de la política exterior estadounidense.

